Una
de las motivaciones principales del turismo es conocer la cultura,
la historia, las manifestaciones artísticas, la artesanía,
la gastronomía y las costumbres de otros pueblos.
En
este tiempo de creciente globalización, la protección,
conservación, interpretación y presentación
de la diversidad cultural y del patrimonio cultural de cualquier
país o región es un importante desafío. Para
la adecuada gestión de ese patrimonio es esencial comunicar
su significado y la necesidad de su conservación tanto a
la comunidad anfitriona como a los visitantes. El acceso físico,
intelectual y/o emotivo, sensato y bien gestionado a los bienes
del patrimonio cultural constituyen al mismo tiempo un derecho
y un privilegio, que conlleva la responsabilidad de respetar los
valores, intereses y manifestaciones de las comunidades anfitrionas,
así como la obligación de respetar sus paisajes,
su cultura y sus formas de vida.
El
turismo nacional e internacional es uno de los medios más
importantes para el intercambio cultural, al ofrecer una experiencia
personal no sólo sobre lo que pervive del pasado, sino también
acerca de la vida actual de otras sociedades. El turismo es cada
vez más apreciado como una fuerza positiva para la conservación
de la Naturaleza y de la Cultura, es un factor esencial para muchas
economías nacionales y regionales y puede ser un importante
factor de desarrollo cuando se gestiona adecuadamente.
La
riqueza del patrimonio artístico, histórico y cultural
de los países iberoamericanos hace que el turismo de motivación
cultural tenga en ellos enormes posibilidades de desarrollo. El
turismo cultural pone en contacto la historia, el patrimonio, las
identidades y la cultura de los pueblos, pero para que este proceso
sea efectivo se debe concebir como una experiencia respetuosa de
diálogo, contacto y aprendizaje intercultural, que implique
valorar nuestras culturas en su diversidad, conocerlas, reconocerlas
y saber que el turismo cultural y todo lo relacionado al mismo
incumbe a toda la sociedad.